Siete personas, a juicio por un crimen de hace 12 años en Gualeguaychú

Flavia Schiavo tenía 21 años. Su asesinato, ocurrido en 1999, sigue impune. Se lo vinculó al narcotráfico, mereció una investigación de la SIDE Y llegó a la Corte Suprema. Ahora, la causa vuelve a un tribunal. La víctima apareció descuartizada en Gualeguaychú.

Flavia Schiavo tenía 21 años cuando desapareció, un 10 de junio de 1999. Dos días después, su cuerpo fue encontrado por partes, mutilado, incompleto , tirado en un monte. Su padre, Luis, había encarado la búsqueda junto con policías y vecinos. Pero al encontrar el cuerpo, por orden judicial, ni Luis ni Élida, la mamá de Flavia, pudieron verlo: cubrieron los restos con una sábana blanca de compasión.

Es que tras una intensa tarea de rastreo, el sábado 12 de junio, Aba, perra de la Brigada Canina de la Policía entrerriana, encontró los pedazos que quedaban: un brazo, primero, con huesos expuestos hasta el omóplato; su pulover azul, su campera. Y, finalmente, restos del cuerpo como salidos de un cuadro negro de Goya: tirada entre espinillos, de cara al cielo, podía verse su columna vertebral , algunas costillas, vértebras, piel.

Las piernas con los jeans todavía puestos ; una polera hecha jirones por dentelladas de animal, sin mandíbula, sin pecho, sin entrañas. Cerca, más huesos rotos.

El crimen, asociado desde un principio al narcotráfico , nunca quedó resuelto. A 12 años y dos meses, todavía sigue impune. Por eso, y tras un largo camino de juicios, recursos y dilaciones que terminaron en la Corte Suprema de Justicia de la Nación y que exigieron incluso la intervención de la Secretaría de Inteligencia (SIDE) , un tribunal se volverá a reunir por Flavia. Luis, Élida, los dos hermanos de la joven asesinada y sus muchos amigos, esperan que esta vez sí se haga justicia.

La historia es larga. Para resumirla en pocas líneas, los hitos más destacados fueron los siguientes: hubo dos autopsias; la segunda, practicada por personal de Criminalística de la Policía Científica de Buenos Aires. Los resultados determinaron que Flavia fue rematada tres veces : recibió un golpe de hacha en la cabeza, un balazo y, como seguía viva, fue degollada. Sus costillas no fueron rotas por alimañas sino fracturadas a golpes. No fue violada pero sí desvestida y luego vuelta a vestir. Según las autopsias, también, aprovechando la oportunidad, los asesinos habrían practicado un ritual umbanda: le extrajeron órganos y vísceras y se los comieron . Luego, tiraron los restos en el monte, donde los animales siguieron el cruento festín. Hasta que la perra Aba la encontró.

El móvil del crimen, sin embargo, no fue ritual ni sexual. Fuertes indicios que surgieron en las jornadas del juicio desarrollado entre 2000 y 2004, señalan que Flavia, en su tarea de mensajería, se habría topado con algo que no debió ver.

Algo ligado al submundo de las drogas y el narcotráfico . Algo que, finalmente, le costó la vida.

Hubo un “arrepentido” y siete detenidos.

Los mismos siete que ahora vuelven a juicio , por orden de la Corte Suprema: Pedro Miguel “Bachi” Scelzi, Julio Figueroa, Oscar “Nene” Ventos, Juan Martínez Villa, Martín Coronel, Alejandro Díaz y Marcela Álvarez. También, tuvo páginas en el expediente una concubina de Ventos llamada Soledad Ayala, quien dijo temer por su vida luego de escuchar al hombre contar detalles de la muerte de Flavia. Ventos, a su vez, había sido concubino de Marcela Álvarez en el momento de la muerte de Flavia. Y Álvarez había sido, en otro tiempo, informante de la Prefectura en casos de narcotráfico.

Por el arrepentido y la despechada se supo que Flavia habría sido secuestrada en un barrio periférico, donde concurría a realizar tareas de caridad en un comedor comunitario ; habría sido transportada en la camioneta de un comerciante local, golpeada y asesinada, para finalizar todo en un ritual umbanda en el domicilio de una mujer.

Un capítulo aparte merece la fuga y recaptura de Marcela Álvarez. La mujer habría amenazado a Flavia y habría sido la entregadora. El sistema de entrecruzamiento de llamadas Excalibur rastreó llamados entre ambas. Detenida y embarazada, se encontraba en prisión domiciliaria cuando un grupo comando desmayó de un golpe a la mujer policía que la custodiaba y la liberó , en mayo de 2004. Poco después, la Policía Bonaerense la recapturó en Escobar y la devolvió a Concepción del Uruguay.

Los siete detenidos fueron juzgados. Dos resultaron condenados por “hurto de vehículo encontrado en la vía pública” y se les encontró la moto en la que se trasladaba Flavia, desguazada. Pero todos quedaron absueltos del cargo mayor : “Privación ilegítima de la libertad y homicidio agravado por la participación de dos o más personas”. Hubo recurso de casación, que llegó hasta la CSJ, la cual se expidió en julio de 2006; anuló las absoluciones y ordenó que se reabra el juicio. Desde entonces, los distintos tribunales nombrados ad hoc fueron quedando en el camino, con algunos jueces que se declararon incompetentes para el caso, y dos que se jubilaron en medio.

Así se llega a este septiembre, cuando el día 26, una sala penal se volverá a reunir y tomará declaración a 63 testigos. Los siete acusados enfrentarán a los cuatro jueces: Miguel Ángel Giorgio, Marcela Badano, Hugo Cándido y Andrés Torres.

Se esperan al menos seis días de audiencias.

Nada, para Luis y para Élida, que estarán allí. “No bajaremos los brazos nunca”, dijo la mamá de Flavia en 2003, durante una de las marchas de silencio.

Ahora, hace dos semanas atrás, volvió a hablar: “Espero que esto no sea una burla más” .

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