Rotundo apoyo a Cristina y alta participación electoral

La candidatura de la Presidenta obtuvo el 50 por ciento de los votos y dio un firme paso para su reelección. La oposición mostró en las urnas su marcada fragmentación. Votó el 77 % del padrón.

El kirchnerismo dio ayer un firme paso en su búsqueda por prolongar su ciclo en la política argentina. Cristina Kirchner obtuvo ayer alrededor del 50 por ciento de los votos para la categoría presidencial en la primera experiencia de elecciones primarias para la definición de candidaturas. Un resultado que la pone en c amino de una reelección en primera vuelta , el 23 de octubre próximo. En su presentación, anoche la Presidenta hizo un llamado a la unidad.

La fórmula Cristina-Amado Boudou superó por unos 38 puntos porcentuales a la de Ricardo Alfonsín–Javier González Fraga, que a su vez apenas superaba por decimales a la de Eduardo Duhalde y Mario Das Neves, del peronismo opositor. El socialista Hermes Binner, a quien acompañó la senadora Norma Morandini, llegó cuarto.

El comportamiento de la fórmula oficialista superó los cálculos más optimistas del kirchnerismo: obtuvo un porcentaje incluso superior al de la elección de 2007, que llevó a Cristina Kirchner a la Presidenta.

El principal bastión del oficialismo, la provincia de Buenos Aires, aportó con creces la cuota que el kirchnerismo esperaba: Cristina superó el 54 por ciento de los votos emitidos.

En la última elección en el distrito, las legislativas del 2009, la candidatura a diputado de Néstoir Kirchner había alcanzado algo más del 32 por ciento y entró en segundo lugar.

Con la excepción de San Luis, donde hegemonizó la candidatura presidencial de Alberto Rodríguez Saá, el kirchnerismo ganaba en todo el país, incluidos los principales distritos y centros urbanos que amenazaban mostrarse adversos: Córdoba, Ciudad de Buenos Aires y Santa Fe, en este caso en una elección reñida con el socialismo, también se pronunciaron en favor del oficialismo. En el norte del país el kirchnerismo llegó a guarismos históricos.

En Santiago del Estero superó los 80 puntos.

La oposición confirmó en los votos lo evidente: la dispersión y fragmentación de su oferta electoral, visible en los últimos dos años. La suma de las principales cinco fórmulas opositoras apenas si alcanzan los números del oficialismo.

Así las primarias presentan el escenario más difícil en la definición de una alternativa para octubre. El desafío para la oposición es de dos dimensiones: en primer lugar, intentar acortar la amplia brecha que la separa del oficialismo para forzar en octubre a una segunda vuelta; luego, la paridad que presentan entre sí.

Las tres principales fuerzas opositoras no se sacaron ventajas sustanciales y les será muy difícil determinar una verdadera supremacía en el espacio sobre la que construir un opción que polarice con el kirchnerismo.

Un dato destacable es el importante nivel de asistencia a las urnas, del orden del 75 por ciento, en los niveles históricos de una elección nacional. Más allá de la cultura de voto obligatorio, en la Argentina todos parecen tener siempre una buena razón ir a votar. Los gurúes de la política en el exterior se preguntan con frecuencia por este fenómeno.

La provincia de Buenos Aires consolidó la hegemonía del gobernador Daniel Scioli, que también se encamina hacia su reelección en octubre: le bastará con superar al segundo por solo un voto. El escenario bonaerense mostró un fenómeno que anticiparon algunos análisis: la migración del voto a gobernador del duhaldismo a la opción de Francisco De Narváez.

El empresario, que había triunfado en la última elección en el distrito, superó en unos seis puntos a la candidatura de Ricardo Alfonsín, su opción para presidente.

Alfonsín y De Narváez habían ensayado acaso la jugada más audaz entre la oposición . No fue acompañada en la Provincia.

Al gobernador Hermes Binner es probablemente a quien mejor le sienta el resultado entre la oposición. Pudo dar pelea en su distrito, Santa Fe, que acaba de revalidar el mes pasado, y consiguió una proyección, aunque en principio modesta, a escala nacional.

Si bien a Binner le cabe responsabilidad en la fuerte atomización opositora –rompió con Alfonsín cuando radicales y socialistas trabajaban en una alianza que replicara la que protagonizan con éxito en Santa Fe– la dimensión del triunfo del kirchnerismo lo libera de más explicaciones.

Una mirada sobre las fuerzas menores muestra que Jorge Altamira, del PO y a la cabeza de un frente de izquierda dura, superó el piso electoral de 1,5 por ciento que le imponía el sistema para presentar candidatura en octubre. Una aspiración que no pudo cumplir Proyecto Sur, la fuerza de Pino Solanas, con la débil candidatura de Alcira Argumedo.

Es difícil determinar las razones de un fenómeno electoral cuando se convierte en una ola como la que ayer alzó a Cristina Kirchner. Por ejemplo, el kirchnerismo consiguió victorias en distritos como Pergamino, Rojas, Colón, triángulo agrícola bonaerense, con ventajas de hasta 30 puntos.

Un resultado sorprendente.

Aún mostrando señales de agotamiento –en buena forma disimuladas por un cambio en el sistema de alianzas ensayado desde la muerte de Kirchner– el oficialismo consiguió un rotundo respaldo en las urnas para aspirar a un nuevo mandato y llevar a doce años su hegemonía en la política argentina. Una posibilidad que les había sido negada a otros procesos políticos desde la recuperación de la democracia.

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