Preocupa la plaga de palomas

Están por toda la ciudad. Sus excrementos causan grandes daños en edificios y propagan enfermedades. Dicen que el desmonte agravó el problema. En el centro se suman los morajúes.

Cualquier recoveco es propicio para que ellas hagan sus nidos. No tienen grandes exigencias. En una maceta, en una cornisa, sobre el piso mismo ellas se las arreglan para empollar sus huevecillos, que eclosionan a los 18 días.
Todo el año están naciendo sus pichones, no tienen temporadas especiales para aparearse y hacer laboriosos nidos, como estilan otras aves. Su naturaleza es otra, y el mandato divino Creced y multiplicaos se cumple cabalmente en esta especie, adaptable como las ratas a la vida en las ciudades. El enchastre y el desparramo de plumas, palitos, y huevos podridos son las señales de que las palomas se han enseñoreado de un edificio.
-La Catedral –señalaba arrobado el martes pasado un miembro de un contingente que recién bajado de un ómnibus, frente a la Plaza 1 de Mayo.
-Sí, pero mirá la suciedad de las palomas- respondió otro, decepcionado.
El estado del templo principal de la ciudad es sólo un ejemplo de los daños que sufren los edificios de la capital, sobre todo aquellos que no tienen sistemas antipalomas. El excremento, además de ensuciar capiteles y cornisas, está provocando daños en sectores altos del edificio religioso, por su peso y el poder corrosivo. Un triste ejemplo de esta carga fueron los acontecimientos de este año en la Escuela Normal, donde se venía abajo el techo de la rectoría, en la esquina de Andrés Pazos y Corrientes, a causa de la caca de las palomas
En tanto, torres, sedes institucionales y casas particulares han ido contratando en la medida de lo posible –es un servicio sumamente caro- a los controladores de plagas, aunque se reconoce que con ellas no hay mucho que hacer. Sólo poner mallas y pinchos y esperar que demoren en acostumbrarse. Porque una vez que le encuentran la vuelta al obstáculo, vuelven a meterse en altillos y a anidar en canaletas y alféizares.

Complicadas

El titular de la empresa de plagas El Camboyano explicó que el trabajo contra las palomas es “bien complicado”. “Hay muchas palomas y es difícil combatirlas, no es fácil. La paloma encuentra muchos lugares donde meterse, se adaptan. Hay de las dos, las palomas grandes, y las chicas (torcacitas)”, comentó. “No sólo están en el centro en distintos edificios que pertenecen al gobierno, si no también en el Mercado El Charrúa afuera, y en el Parque Industrial casi todas las fábricas tienen palomas”, contó.
Si bien en la ciudad se sufren otras alimañas, las más prolíficas al parecer son las palomas. “Las palomas son un problema grande en el centro”, señaló el titular de otra empresa paranaense de control de plagas, Controlpack. Esta empresa fue la que sacó los 7.200 kilos de guano (excremento y residuos de paloma) del altillo de la Escuela Normal en febrero pasado. El titular comentó también que entre los últimos trabajos se contó la colocación de red en aberturas de Rentas de la Provincia y el Círculo Médico. Entre los sitios favoritos de las palomas también se encuentran los tanques de agua, pues se ubican entre las paredes que los cubren. Por eso, clientes habituales de este tipo de empresas son los consorcios.
El excremento de la paloma es corrosivo y además atrae cucarachas y gran cantidad de insectos de diversas especies. Si bien los vecinos del centro padecen también las ratas y los murciélagos, “el problema grave son las palomas”, finalizó diciendo el especialista.

Lugares

Veredas cubiertas de excrementos son clara señal de que arriba, en las cornisas y ornamentos de los edificios más antiguos de la ciudad están las palomas arrullándose. Los bordes angostos, cornisas, arcos, bordes de ventanales, balcones, maceteros, las canaletas, aire acondicionados, antenas de celulares y cualquier elemento que les permita anidar alientan su presencia en una estructura en particular. Pero lo peor, dicen los especialistas, son los altillos o entretechos. Las palomas son allí capaces de producir los mayores daños. “Sus excrementos siendo altamente corrosivos dañan rápidamente cualquier material presente en el entretecho, pudiendo filtrar parte de los excrementos directamente en las habitaciones de la casa, exponiendo a sus habitantes a serias consecuencias derivadas de enfermedades todas ellas graves y de difícil pronóstico. Además, el peso de los excrementos depositados por meses y años puede ocasionar el desplome del cielo raso, permitiendo caigan al interior excrementos, huevos, pichones, palomas muertas, etcétera”, explica una publicación especializada en control de plagas.
Por lo general lo que se hace es poner pinchos en los alféizares y rebordes para que ellas no puedan posarse, y cubrir con mallas de metal las aberturas y ornamentaciones para que no ingresen a altillos y no se aquerencien debajo de aleros. Es lo que se puede observar por ejemplo en el edificio del Iosper, que fue hace poco restaurado en su totalidad, una malla recubriendo toda la parte superior del edificio, la más ornamentada.
Se advierte sin embargo que estos sistemas tienen que ser periódicamente controlados: el excremento con el paso de los meses o años corroe el metal y las palomas pueden encontrar agujeros para ingresar nuevamente a los sitios de los edificios donde causarán más problemas.

Hongos y bacterias
Entre las enfermedades que puede ocasionar el excremento de palomas está la histoplasmosis, una afección de las vías respiratorias que genera un hongo que se reproduce en la materia fecal de estas aves; también la candidiasis, que se origina por la acción de un hongo o fermento que transmiten las palomas y que provoca una infección en la piel, en la boca, el sistema respiratorio, los intestinos, el aparato urogenital; la encefalitis de San Luis, que contagian los mosquitos que previamente se han alimentado de palomas y que se traduce en una inflamación del sistema nervioso; y la salmonellosis, producida por una bacteria que se halla en los excrementos y que en contacto con el aire puede contaminar alimentos.

El excremento de la paloma es corrosivo y además atrae cucarachas y gran cantidad de insectos de diversas especies. Si bien los vecinos del centro padecen también las ratas y los murciélagos, el problema grave son las palomas

Las aves de la Plaza
La Plaza 1º de Mayo sufre desde hace lustros las consecuencias de la estancia permanente de pájaros que cubren literalmente de excrementos los bancos que está debajo de los árboles y arruinan especies vegetales. Uno de los ejemplares más golpeados es la encina de Peatonal y España, blanca de suciedad. Los entendidos dicen que se trata de los morajú o renegridos, que se arremolinan todas las tardes sobre la Plaza para pasar la noche. “La encina está triste por la cantidad de excremento de ave que tiene. No son golondrinas, son morajú los pájaros, y el excremento produce ulceraciones en la piel. Yo las sufrí cuando curé la encina y después estuve internada”, contó Maria Cura, protectora de árboles. Señaló también que al árbol no sólo lo lastima el excremento, sino también “le hace daño con la temperatura: cuando el pájaro duerme le transmite su calor al árbol”, dijo finalmente.

El gobierno destinó 4,5 millones para la Catedral
La Catedral, golpeada por años sin trabajos de mantenimiento y por la enormidad del daño de las palomas, será arreglada con el auxilio de un subsidio que le destinará el gobierno provincial. Según se informó oficialmente, la obra se realizará por administración delegada, a cargo del Arzobispado de Paraná, y será encarada por separado para cada caso en particular y no para la obra en general, ya que los trabajos a realizar requieren mano de obra y tecnología específica. Los trabajos se iniciarán cuando la provincia concrete el primer aporte a la Iglesia, que será del 10 % sobre el total presupuestado. Los demás aportes se irán entregando tras la presentación de los certificados de obra correspondientes.
Se estima que las tareas concluirán dentro de los dos años, en tanto que el presupuesto es de 4,5 millones de pesos. Seguramente, la terminación de los trabajos incluirá la colocación de dispositivos antipalomas, de modo que las mismas no encuentren la forma de llegar a sus lugares favoritos en la Catedral.

El gavilán que no llegó
Ante la plaga de palomas y otros pájaros, el Concejo Deliberante propuso en esta gestión de gobierno crear un programa de Manejo de Aves con métodos ecológicos, tales como la instalación de un palomar para que ellas cambien de hábitat y la utilización de un gavilán amaestrado para asustarlas y echarlas de los lugares donde causan más daño.
En la vecina ciudad de Santa Fe se había empezado a usar este método, de la mano de un especialista en cetrería. En ciudades de Europa se usa bastante esta modalidad, que consiste en hacer planear los halcones por las zonas que se desea liberar de palomas y aves dañinas. En su página web, la Asociación Argentina de Cetrería explica que los gavilanes pueden operar tanto en ámbitos cerrados como fábricas, galpones o silos, como también en áreas abiertas como aeropuertos, sembradíos, parques y plazas. “Nuestro método ecológico consiste en la utilización de técnicas dispersivas que no dañan a las aves pero las obligan a trasladarse a otras zonas con su presencia intimidatoria”, explica la entidad, que se dedica también al control de plagas.
Sin embargo, pese a la existencia de una ordenanza al respecto, que propendía a la reubicación de las palomas en lugares donde no molestara su existencia, no se tuvo más información de las acciones tendientes a controlarlas.

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