Confirman que indigente fue asesinado a golpes en la cabeza

Un hombre de 67 años que se dedicaba a criar cerdos y al cirujeo fue encontrado sin vida ayer a la mañana por su hijo menor. Podría haber sido asesinado por alguna persona que llegó hasta su ranchito a beber, el martes a la noche.

A última hora de la tarde de ayer, el juez de Instrucción Héctor Vilarrodona recibió la confirmación de los médicos forenses, que a la luz de los resultados de la autopsia determinaron que Raúl Alberto Márquez, domiciliado en una precaria construcción de chapas y nylon ubicada en el extremo sur del ejido de Paraná, fue asesinado mediante golpes contundentes en la cabeza. Con un palo o hierro le hundieron huesos del cráneo, y le ocasionaron la muerte.
El hombre fue encontrado ayer, alrededor de las 10, por su hijo de 14 años, tirado en el piso del ranchito. “Tenía sangre en la cara y estaba tapado con algunas ropas viejas de las que había rescatado de la basura” explicó una fuente policial de la investigación. Los forenses calcularon que la muerte se produjo unas 12 horas antes del hallazgo, es decir, entre las 21 y 22 del martes.
Márquez vivía solo, en un predio de calle Moisés Lebensohn al final, aproximadamente a un kilómetro al sur de Juan Báez, en un rancho rodeado de espinillos, donde tenía algunos cerdos y grandes montículos de residuos y chatarra que juntaba en un carrito, para vender.
En el mismo predio, pero a unos 300 metros, en otra casa precaria viven su ex mujer y el hijo de ambos, que encontró el cadáver. “Estaban separados pero se llevaban muy bien. Se veían casi a diario y el hijo iba todos los días a visitarlo”, explicó un oficial de la Policía que ayer trabajó en el lugar del hecho recabando datos.
Fue precisamente el muchacho el que a media mañana descubrió el hecho. De inmediato avisó a su madre, y ésta fue a buscar a la Policía.
Personal de Criminalística trabajó en la búsqueda de rastros. “Se les hizo difícil levantar huellas porque había muchos residuos dentro del ranchito”, precisó el jefe de Homicidios de Paraná, comisario Ángel Ricle, quien se excusó de dar precisiones sobre la marcha de la investigación.
Sin embargo, otras fuentes indicaron anoche a que no hay personas identificadas y sindicadas como sospechosas del homicidio. Se sabe, sí, que Márquez solía reunirse con un grupo de amigos en horas de la noche a tomar vino, en su casa o en un conocido bar de calle Lebensohn al final.
Nadie escuchó ruidos ni gritos. La casilla de Márquez está ubicada unos 200 metros de la vivienda más cercana.
Tampoco se conoce el móvil del asesinato. No se sabe si le robaron algunos cerdos. Dinero no tenía. Era beneficiario de un plan social pero había cobrado hace varios días, y según su hijo no habría tenido en su poder más de 50 pesos.

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