Buonanotte: triste, solitario y final

No podrá despedirse de los hinchas de River antes de unirse a Málaga porque Jota Jota no lo concentró; el adiós que jamás imaginó.

“No soy un perro para no estar concentrado. No me arrepiento por haberme quedado. Es una tristeza muy grande esta clase de despedida, tenía la esperanza de estar en el banco. No creo haber hecho las cosas tan mal para irme de esta manera de River.”

Desde que debutó en River con 17 años, el 9 de abril de 2006, en el triunfo por 3-1 sobre Instituto, Diego Buonanotte tuvo un poder hipnótico sobre los hinchas millonarios. Unos años antes se había ganado la consideración de los juveniles de la AFA y por distintos puntos de la ciudad se podían ver carteles gigantes con la imagen del “Enano”, cuando aún no había debutado en Primera. Así comenzaba a dar sus primeros pasos en tiempos en los que no imaginaba despedirse de River de esta manera: es que antes de incorporarse a Málaga, de España, no fue convocado por el técnico Juan José López para el decisivo partido de pasado mañana ante Lanús, por la última fecha del Clausura.

El comienzo de su carrera profesional fue ascendente. Arrancó con la camiseta N° 30 en aquellos primeros seis minutos que le dio Daniel Passarella cuando lo mandó a la cancha en reemplazo de Gonzalo Higuaín. A pesar de sus pocos partidos ya se especulaba con transferirlo en un monto de ocho cifras, sobre todo cuando desde Qatar un jeque mostró intenciones de desembolsar 15 millones de euros. En 2007 se ganaría un lugar entre los titulares. Abría la enciclopedia del talento por las páginas de la habilidad y le permitía a River escribir una historia de complicidades con los triunfos. Estaba entre los más aplaudidos por los hinchas. Especialmente después de un destacado superclásico, en el que él y Ariel Ortega -su ídolo- la rompieron en aquel 2-0 en el Monumental, el 7 de octubre de 2007. Su desequilibrio no dependía sólo de su inventiva, sino también de un ambicioso atrevimiento. Y en 2008 el volante de Teodelina jerarquizó al equipo que, dirigido por Diego Simeone, obtuvo el Clausura de ese año. Goleador, figura y héroe millonario como consecuencia, por ejemplo, de los dos tantos anotados en el vibrante 2-1 frente a Olimpo.

Que un futbolista que supo ser dueño de una atracción especial en River tenga frente suyo este marco de despedida siempre entrega matices para tener en cuenta. Y el punto de inflexión en su carrera lo marcó el accidente automovilístico del 26 de diciembre de 2009, en Arribeños, donde fallecieron sus tres amigos de toda la vida que viajaban en su vehículo. Comparado con esa pérdida nada fue el padecimiento por su fractura de húmero, clavícula y contusión pulmonar.

Regresó luego de casi cuatro meses de recuperación, jugó varios partidos, pero jamás pudo volver a su nivel. En enero pasado forzó su venta a Málaga y River recibirá 4,5 millones de euros por 85 por ciento del pase, pero como condición Passarella le pidió que se quedara seis meses más. Claro que por la falta de continuidad encontró en Jota Jota el punto para descargar toda la bronca acumulada, que explotó cuando pateó violentamente una botella de agua e insultó a Héctor Pitarch tras ser reemplazado en el último partido con Godoy Cruz. “Los que me conocen saben que siempre actué de buena fe. Siempre quise lo mejor para River, porque soy hincha de River. No sé qué hice para merecer este trato. Quizás haya sido cuando pateé una botellita de agua, pero eso fue un momento de calentura por un cambio. ¿Eso es actuar de mala fe?”, dijo Buonanotte en una nota para radio La Red con una fuerte carga emocional. La sensación de vacío promete un capítulo más, en forma de carta a los hinchas, que hará pública una vez finalizado el campeonato.

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