Afirma que vio un ovni desde su casa en Paraná

“Quería darme una ducha”, cuenta. Estaba intentando golpear la puerta del baño que está fuera de la casa cuando vio una luz resplandeciente, extraña, blanca, que lo obligó a voltear la vista. “Un ovni”, pensó.

Claudio Olguín, 31 años, estaba el viernes en su casa, al cuidado de sus hijos.
Vive en barrio La Floresta, sobre calle República del Líbano, a los fondos de la cancha del Club Sportivo Urquiza.
Habita con su familia una vivienda que es lindera con la de su cuñada, y por esa razón comparten el baño. Claudio estaba el viernes, cerca de las 6.30 de la tarde, apurando a su hija para que desocupara los sanitarios.
“Quería darme una ducha”, cuenta, y fue en ese instante, él intentando golpear la puerta del baño que está fuera de la casa cuando vio una luz resplandeciente, extraña, blanca, que lo obligó a voltear la vista.
“Un ovni”, pensó. No podía ser otra cosa. Claudio sabe de este tipo de objetos no identificados que vuelan por los aires, recorren los campos sembrados, merodean los poblados, iluminan las noches frías de otoño. A hurtadillas, cuando puede, husmea en Internet todo lo que tenga que ver con esos fenómenos: ovnis, aparecidos, fantasmas, extravagancias así.
Tanto empeño, sin embargo, le ha traído algunos traspiés. Claudio es empleado del Estado, del Consejo de Educación: forma parte de una cuadrilla que recorre escuelas para hacer refacciones edilicias menores.
En uno de esos raids llegó hasta Victoria, algo así como la playa de estacionamiento nacional de los objetos voladores no identificados, y allí escuchó aquello que escuchó, y aquello que escuchó no pudo sino estremecerlo de las entrañas para adentro, todo entero.
Estaba él y otros empleados en la Escuela Número 51 en los menesteres de siempre, corrigiendo una pared, tapando una mancha de humedad, impermeabilizando un techo, cuando se oyó aquello, el sonido de un chico, el sonido cercano y lejano de un chico, prístina la voz de un chico. La voz de un chico que salía desde el fondo de un aljibe.
Perpetuo, un compañero de trabajo, dice que da fe de aquello. Y también da fe de lo que vio ahora, el ovni, la luz, eso que vio el viernes, el anochecer del viernes, en su casa.
Inmediatamente de verlo, le mandó un mensaje de texto a Perpetuo, y Perpetuo le dijo que sí, que por la zona del barrio San Agustín habían avistado una luz parecida.
“Lo que yo vi es cierto –afirma ahora–. Nadie me puede negar lo que yo vi. Encima, ni una turbina se escuchaba; sólo esa luz”. (El Diario)

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