A 11 años del atentado, Nueva York abre su Memorial 11-S

La obra, diseñada por un arquitecto que estaba en las Torres Gemelas y salvó su vida, consta de dos grandes estanques y una catarata de agua. La financiación del proyecto fue valuada en unos 500 millones de dólares.

Reflecting Absence (Ausencia Reflexiva) es el nombre del proyecto ganador, diseñado por un arquitecto que estaba en las torres y salvó su vida. «Este será un lugar sagrado», asegura.

Probablemente todos los ciudadanos de Estados Unidos aún recuerden dónde estaban el 11 de septiembre de 2001. Michael Arad se encontraba en la torre norte del World Trade Center en Nueva York cuando los aviones impactaron en el complejo.

«Sólo pensé en mi novia», recuerda. Ella se encontraba a sólo pocos cientos de metros, en la torre sur, que después de los atentados pasó a llamarse Ground Zero (Zona Cero).

Ambos sobrevivieron y Arad recuerda a las casi 3.000 víctimas de aquel día de un modo muy especial: es el arquitecto del Memorial del mayor atentado terrorista de la historia.

Ya el mismo día de los ataques a las Torres Gemelas se alzaron las primeras voces pidiendo un monumento en honor de las víctimas. Debía ser grande, como la tristeza, decían unos, pero otros lo querían modesto, en contraste con la intolerancia de los islamistas radicales.

Los más pragmáticos pedían que se construyera en otro sitio. La superficie se encuentra en medio del distrito financiero de Manhattan, uno de los terrenos más caros del mundo.

Finalmente se llegó a un compromiso: en la zona donde se encontraba el World Trade Center, del tamaño de nueve canchas de fútbol, se construirían cinco rascacielos, pero la mitad de la superficie se destinaría a un museo y un parque en conmemoración de la memoria.

«El 40 por ciento de los familiares de las víctimas jamás pudieron recuperar los cuerpos de las personas que murieron en los ataques», señala Joe Daniels, jefe dela Fundaciónresponsable del monumento.

«Para ellos éste es un terreno sagrado, y es lo que debería ser para todos», agrega. Si bien, incluso a diez años de los ataques, se siguen encontrando restos de las víctimas, la mayoría de los cuerpos permanecerán para siempre enla Zona Cero.

Michael Arad nació en 1969 en Londres, donde su padre ocupó el cargo de embajador israelí. Luego vivió en Jerusalén y se mudó a Estados Unidos para cursar sus estudios universitarios. En Nueva York obtuvo su primer proyecto como arquitecto. La «gran manzana» lo fascinó, también después del 11 de septiembre de 2001.

Se presentaron más de 5.000 proyectos de 63 países. Y ganó el diseño de Arad: Reflecting Absence (Ausencia reflexiva). La obra consta de dos grandes estanques, cada uno de60 metrosde ancho y 10 de profundidad y, a los costados de los muros, una catarata de agua que correrá continuamente. Una cinta con los nombres de las casi 3.000 víctimas rodeará los estanques.

El proyecto fue bastante controvertido. Para algunos, demasiado grande, para otros, muy caro. La financiación del proyecto, valuado en unos 500 millones de dólares, estuvo varias veces en discusión.

Para Daniels, sin embargo, se trata de un deber nacional. «Sería una vergüenza si en el décimo aniversario de los atentados los deudos aún no tengan un sitio común donde llorar a sus muertos. Será seguro un momento muy conmovedor, muy triste».

Sin embargo, pese a la tristeza, Arad percibe un optimismo en la ciudad. «Estos ataques debían intimidar a Nueva York. Pero por el contrario, nos unieron más», afirmó el arquitecto israelí, quien entretanto contrajo matrimonio con su novia de entonces.

Ante la pregunta de cómo cambió su vida en los últimos diez años Arad contesta sonriente y lleno de confianza: «Ahora tenemos tres hijos».

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