10 testigos y dos careos en el juicio a Liliana Rivas

Diez testigos prestaron declaración durante la quinta jornada del juicio contra la esposa de Enzo Benedetich. Las confrontaciones tuvieron como protagonistas a Ramón Lorenzi, amigo del policía Flores, la esposa del agente y la empleada de una residencia municipal.

Nuevos testimonios se conocieron durante la quinta jornada del juicio en el que se investiga el crimen a Enzo Benedetich, ocurrido el 26 de septiembre de 2009 y que tiene como única imputada Liliana Rivas.

En total fueron diez los deponentes que expusieron ante el el Tribunal de la Sala Segunda de la Cámara del Crimen, lugar donde se lleva adelante el debate oral y público.

El primero en testimoniar fue el albañil Ramón Lorenzi, amigo del policía Rubén Flores, quien ventiló varias situaciones que surgieron a partir de su relación de amistad con el agente.

Más allá que aseguró que se frecuentaban en pocas oportunidades, por ejemplo cuando compartían alguna cerveza, recordó puntualmente cuando el agente le comentó que le habían encargado un trabajo “por 7.000”.

Esta intervención hizo que el Tribunal convocara a un primer careo con Edith Herrera, trabajadora de la residencia municipal donde vive Lorenzi y al que Flores concurría.

Al conocerse el crimen de Benedetich, Lorenzi hizo algunos comentarios a Herrera que la mujer, posteriormente, dijo no recordar.

Por el mismo motivo -las supuestas contradicciones de Lorenzi- el tribunal convocó a nueva confrontación entre el albañil y María Dionisia Zárate, la esposa de Flores.

Tanto el trabajador como la mujer se mantuvieron en sus dichos, uno avalando la versión del “trabajo por encargo” y la otra negando enfáticamente sus dichos. “Él no me dijo nuna eso. Si que lo conocía a este señor”, aseveró Zárate. Después de haber transcurrido unos minutos el tribunal decidió suspender el careo.

Una jornada extensa y que giró sobre el policía Flores

La gran mayoría de los testigos citados a declarar en la presente jornada hicieron hincapié en la figura del policía Rubén Flores, quien apareció muerto a pocos días de haberse conocido la noticia de la trágica muerte de Enzo Benedetich.

El ciudadano santafesino Daniel Cejas indicó que a Flores “lo conocí en el Bingo y lo llamaba Coco”.

“Habré estado con él tres o cuatro veces”, aseguró ante el tribunal.

En este caso se trataba determinar si Cejas le debía dinero al policía, aunque el deponente aclaró que “Flores me prestaba plata y le devolví 100 pesos que le debía”.

Además recordó la oportunidad en que el agente lo había invitado a su cumpleaños. “Esa vez nos encontramos en el Bingo, pero me tenía que ir porque era el cumpleaños de mi ex mujer”, añadió.

En tanto, puntualizó que las características de Flores “no encajaban con la de un jugador compuslivo. Esto lo digo en base a la experiencia de tener esta maldición encima -en referencia a la adicción al juego-”.

Asimismo sostuvo que “la mujer de Flores me mandó un mensaje que me preocupó. Me preguntaba si sabía algo del marido, que no podía ubicarlo, entonces acordamos encontrarnos en Paraná. Ella llegó con la hija y estuvimos hablando en la puerta del Bingo, un sábado a la tarde, posterior al hecho”.

Al término de la exposición de Cejas, el Tribunal convocó a un careo entre María Dionisia Zárate y el amigo del agente fallecido, Ramón Lorenzi. Teniendo en cuenta que la confrontación no dejó mucha tela para cortar, incluso duró un breve lapso, la defensa solicitó que la esposa de Flores retorne al estrado para volver a comparecer.

En ese punto la mujer hizo referencia al lugar donde apareció el cádaver de su marido, los mensajes de texto que había entrecruzado con Daniel Cejas y sobre el cierre de su intervención la parte defensora solicitó la declaración de Jésica Flores, la hija del agente de la División Logística de la Jefatura Departamental.

El pedido fue rechazado por la querella y además el Tribunal resolvió no hacer lugar a la propuesta.

Ante este revés la defensa de Rivas calificó el hecho como “una grosera violación” y pidió que “se deje la reserva casatoria”.

Acto seguido brindó su testimonio Carmen Coronel, una supuesta amante de Flores y con quien mantenía una relación paralela.

La mujer elogió las cualidades humanas del policía, aunque reconoció que “tomaba a veces y eso no me gustaba”.

“Una vez fue hacer problemas a un baile en la confitería Pachá, de calle Almafuerte, donde había concurrido con un grupo de amigas. Me empujó cuando bailaba con un muchacho, aunque con él no tenía ningún tipo de relación”, agregó.

Sin embargo, en otro tramo de su alocución recordó “que en una oportunidad nos golpeamos mutuamente. Esa vez lo dejé”.

Héctor Franco, empleado policial, manifestó que era compañero de Flores en la División Logística de la Jefatura Departamental de Paraná.

Así como aseguró que “hace 17 años nos conocíamos”, dejó entrever que “nos cruzábamos en el Bingo”.

“Un lunes o un viernes de septiembre lo habré visto por última vez a Flores”, explicó.

En otro orden contó sobre el comentario que le hizo el policía Walter Ortiz, a quien “conozco del trabajo y que me contó que el sábado posterior al crimen de Benedetich lo vio a Flores que entraba a la estación de servicios de calle Almirante Brown”.

Según la versión de Ortiz que reproduce Franco “Flores entró a tomar una cerveza mientras él realizaba tareas de adicional”.

Por otro lado, Pablo Muñoz, empleado de la Escuela Almafuerte y que realizba changas en gomerías remomoró la jornada en que observó una auto que “derrapó y casi hace un trompo” en cercanías de la estación de servicios Shell del Acceso Norte”.

“A la noche cuando atendí el último camión, alrededor de las 21 o 21.30, me cruzo al shopping de la playa de estacionamiento para buscar cambio. Ahí fue cuando vimos con la playera un auto que derrapó y casi hace un trompo”, detalló.

Zulma Soave, esposa de Carlos Benedetich, le dio relevancia a un diálogo telefónico que mantuvo con Liliana Rivas tras conocerse la muerte del ex basquetbolista.

“Ella llamó a mi casa para hablar con mi marido. Sobre esa noche me dijo que fueron por calle Miguel David, alzaron a un señor conocido de Enzo, ingresaron a la zona del Parque Industrial y que en ese lugar lo matan a Enzo. Además me confesó que luego dieron marcha atrás hacia el Acceso Norte, que luego le pegan en la cabeza y se desmaya”, afirmó la mujer.

Según amplió “ella me contó que lo mataron en una calle de tierra, cerca de la quinta de mi hermano”.

Por último ingresó al estrado Fabricio López, compañero de trabajo de Enzo Benedetich, cuyo aparición en escena se produce tras el diálogo que mantuvo con el hijo de la víctima, Federico, donde reconoció que en una charla con Benedetich, éste le habría admitido: “Esta loca de mierda me va a matar”.

Ante esta revelación el Tribunal decide citarlo para escuchar sobre versión sobre lo sucedido.

No sólo que ratificó sus dichos, sino que durante esa charla la preguntó a Enzo “¿Te parece que sea para tanto”? Y entonces obtuvo la siguiente respuesta: “Sí a mi me pasa algo, acordate que fue Liliana”.

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