Uruguay, rey de América

Venció con claridad a Paraguay en la final. Fue 3-0 con goles de Suárez y Forlán (2). La Celeste alcanzó su 15ª conquista a nivel continental y superó a Argentina en cantidad de títulos.

La final se terminó mucho antes de los esperado. Ni alargues, ni penales. Uruguay decidió que la Copa América 2011 quede en sus vitrinas aún antes de comenzar el segundo tiempo en el Monumental, que ya lo tenìa dos goles arriba en el marcador, pero mucho más lejos todavia en el juego ante un Paraguay tan opaco como en cada una de las instancias previas. Fue finalmente 3-0 la conquista de América para la Celeste.

El equipo de Oscar Washington Tabárez salió a jugar en cancha de River para matar a su rival. Lo arrinconó desde el minuto cero, aún después de que Paraguay insinuara jugar cerca del arco de Fernando Muslera en la primera jugada del partido. Pero fue un espejismo, porque rápidamente la Celeste tomó la pelota y con orden y velocidad se propuso lastimar a cada una de las líneas enemigas.

Fue de la mano de Luis Suárez, que Uruguay comenzó a construir la victoria y el título. El delantero del Liverpool, goleador celeste en esta Copa, se paró por izquierda, pero siempre rotó con Forlán. Y cuando cambió a la derecha conquistó la primera alegría.

Un rebote en Néstor Ortigoza le cayó a los pies y tras dejar en el camino a Darío Verón sacó un remate con dirección a las manos de Justo Villar.Pero en el camino, la pelota que salió con velocidad se cruzó con el propio Verón, que le desvió el trayecto y se metió por el palo izquierdo del arco paraguayo.

Uruguay no se conformó con ese único gol y fue por más en los minutos inmediatos a la conquista de Suárez. Y fue el propio delantero el abanderdo de cada uno de los ataques posteriores. Paraguay no tenía reacción y la Celeste intentaba aprovecharlo jugando con tranquilidad, pero siempre en campo rival.

Con el correr de los minutos, el equipo de Gerardo Martino intentó torcer el rumbo. Y por lo menos pudo quedarse con la pelota. Pero no era la noche del conjunto guaraní, porque a pesar de haber conseguido el dominio de balón, quedaba bien en claro que ni una la iba a salir. Ortigoza fallaba en cada una de sus intervenciones y no había otro que se le acercara para iniciar el juego. Encima, en el fondo sufrían a horrores cada contra de Suárez y Forlán metiendo diagonal y velocidad.

Y como Paraguay no supo resolver ninguno de sus intentos, Uruguay se cansó y salió a liquidar la historia. A poco del final, Forlán, que se lo había perdido diez minutos antes, conquistó el segundo gol y rompió una sequía cuando su equipo más lo necesitaba. Iban 41 minutos y la fiesta era totalmente celeste.

Allí pareció terminar el partido. Porque si a la apatía paraguaya en este partido y en la Copa en general, le sumaban la garra y el juego charrúa, la historia estaba juzgada. Por el bien del fútbol y especialmente de Paraguay, el equipo del Tata Martino debía meter un giro de 180º para el segundo tiempo.

El comienzo de ese complemeto entusiasmó a los paraguayos, casi sin motivos. El único se lo dio Nelson Haedo Valdéz, que aguantó la pelota como gran delantero que es y sacó un remate que tras tocar en las manos de Muslera, se estrelló en el travesaño. Fue un golpe a la modorra del equipo guaraní y un indicio de cambio. Pero se murió ahí.

Uruguay sufrió en el segundo tiempo en el comienzo y nada más. Luego controló el juego y hasta buscó ampliar con alguna contra. Tabàrez, lejos de refugiar a su equipo puso en cancha a un delantero más y la Celeste ya no tuvo inconvenientes.

Sobre el final, Forlán tuvo su merecidísimo premio y conquistó su segundo gol en el partido. En una contra, a los 44, el rubio definió con calidad ante la salida de Villar y marcó el 3-0 para decorar una Copa memorable, jugando siempre un poco mejor, levantando el nivel en cada partido y confirmando, ya en instancias definitivas, que se consagraría campeón con total justicia.

La Celeste se consagró y ahora es el máximo ganador del torneo con 15 conquistas, una más que Argentina. Y lo superó en su propia casa. Eso es Uruguay. Ese es el fútbol charrúa. ¡Que no ni no!

Ezequiel San Martín Clarin.com

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