Malvinas 40 años, la guerra día a día en la voz de los que combatieron a sangre y fuego

Los testimonios de los héroes y el recuerdo de los 74 vertiginosos días que cambiaron la historia de nuestro país. Los buzos anfibios del desembarco, las fracasadas negociaciones políticas para evitar el conflicto armado, las sangrientas batallas terrestres, el hundimiento del Belgrano, los combates cuerpo a cuerpo, los ataques aéreos que sacudieron a la flota británica y los dramáticos detalles de la rendición en un video

Los recuerdos aparecen nítidos. La memoria trae cada detalle de lo vivido en las islas hace cuatro décadas. Hay emoción, coraje, furia, homenaje en cada palabra. Por los que quedaron allá, por los que pelearon hasta el último suspiro. En este documental especial de Infobae por los 40 años de Malvinas, la guerra aparece en la voz de los que combatieron. Buzos anfibios, soldados, militares, pilotos, marinos que fueron protagonistas de una guerra de 74 días que marcó la historia argentina para siempre.

Del desembarco del 2 de abril a la rendición del 14 de junio de 1982, del dramático hundimiento del Crucero Belgrano a las feroces batallas aéreas de nuestros aviadores, de los combates más sangrientos hasta los agónicos minutos finales antes del cese el fuego de una guerra que dejó 649 muertos argentinos y 255 británicos.

En el texto que sigue, una síntesis de los hechos históricos que conmovieron al mundo hace cuatro décadas.

Las Islas Georgias del Sur se encuentran a 1550 kilómetros de las Islas Malvinas. Allí, el 19 de marzo de 1982 desembarcó el Bahía Buen Suceso con 41 operarios para realizar tareas de desguace de instalaciones. Cuando izaron una pequeña bandera argentina, cuatro hombres del British Antartic Survey exigieron que se la arriarase, que volvieran a cargar el material desembarcado al buque y se trasladaran a la capital de las Georgias, Grytviken, para solicitar el permiso de desembarco. La bandera fue arriada.

Al día siguiente Rex Hunt, gobernador de las islas, informó a Londres el incidente y que esos hombres, civiles y militares, habían efectuado disparos con armas de fuego, y que el desguace era una pantalla de la Armada Argentina para encubrir su presencia en la isla. Fue el embajador británico en Buenos Aires el que solicitó al gobierno argentino el retiro del personal y del Bahía Buen Suceso, al que describió como un buque de guerra y que en caso contrario, se tomarían las medidas correspondientes. Le respondieron que el Buen Suceso era una nave de transporte, que zarparía de Leith el 21 cuando hubiera completado su descarga, y se desmintió la presencia militar.

En prevención, el 21 zarpó de Malvinas el Endurance, con 22 marines.

A pesar de que la prensa británica incendió los ánimos al anunciar una “invasión argentina a las Georgias”, el embajador inglés declaró diplomáticamente que el incidente estaba superado al recibir las explicaciones del gobierno argentino.

Sin embargo, en los hechos, el 23 se ubicaron dos buques atómicos ingleses en los alrededores de las Islas Malvinas. Londres ordenó expulsar a los obreros de la discordia con el uso del HMS Endurance y además amenazó con enviar nuevos buques de guerra al Atlántico Sur. Como contrapartida, nuestro país envió al Bahía Paraíso, un buque de transporte polar, a proteger a los civiles.

El 24 el embajador Williams advirtió a las autoridades argentinas que los trabajadores “deben ir a Grytviken a sellar sus pasaportes”. El canciller Nicanor Costa Méndez respondió que no hacía falta, puesto que poseían sus respectivas “tarjetas blancas” y, que en ese contexto, los obreros no serían retirados.

Objetivo: Malvinas

Mientras tanto, el 25 el general Osvaldo Jorge García, comandantes del Teatro de Operaciones Malvinas, impartió la orden de ejecutar el plan de recuperación. Se establece como el día D el 1 de abril.

El 26 el Bahía Paraíso partió de Leith, dejó a 14 soldados armados solamente con fusiles para proteger a los obreros. A miles de kilómetros, el coronel Mohamed Alí Seineldín informaba a sus oficiales que su unidad participaría de la operación.

Al mediodía del 28, zarpó la flota de desembarco, que había estado los últimos dos días aprovisionándose. Posteriormente lo haría desde Puerto Belgrano, simulando ejercicios navales.

El 30 la inteligencia inglesa advirtió al gobernador Rex Hunt de los planes argentinos y Estados Unidos puso en alerta a Gran Bretaña. La primera ministro Margaret Thatcher, que había asumido en 1979, ordenó alistar la flota, que estaba en Gibraltar.

La flota de mar argentina, que desde el 29 navegaba bajo un fuerte temporal, el 31 a las 12:57 puso rumbo al norte del archipiélago. La Operación de recuperación de las Malvinas, que llevaba el nombre de Azul, pasó a llamarse Rosario.

El 2 de abril, nuevamente en las islas

El 1 de abril, el día D pasó para el día siguiente, debido a las condiciones climáticas. Se reasignaron las misiones y los objetivos de la fuerza de desembarco. A las 6 de la tarde, el almirante Carlos Büsser anunció a la tripulación por los parlantes del buque hacia dónde se dirigían. En el mismo momento, el mismo mensaje se irradiaba en la Santísima Trinidad.

Esa noche, comandos anfibios –que venían en la Fragata Santísima Trinidad– tocaron tierra al sur de Puerto Argentino, con el objetivo de señalizar el lugar de desembarco. Del submarino Santa Fe, una decena de buzos tácticos se dirigieron al Faro San Felipe, al este de la capital de las islas. Desconectaron una alarma eléctrica que enlazaba con el cuartel inglés. A 11.100 kilómetros, partía de Gibraltar el submarino nuclear británico Splendid.

A las 6 de la mañana del viernes 2 de abril, un grupo de comandos anfibios se dirigió a Moody Brook, asiento de los infantes ingleses. Encontraron las barracas desiertas, ya que los británicos ya estaban apostados para defender la ciudad.

Otro grupo, al mando del Capitán de Corbeta Pedro Giachino tenía la misión de ir a la casa del gobernador a exigirle la rendición.

Mientras tanto, minutos después de las 6 comenzaron a desembarcar del Cabo San Antonio los vehículos anfibios, uno cada 30 segundos. También lo hicieron las tropas del Regimiento de Infantería 25 e infantes de marina. Unos enfilaron al aeropuerto y encontraron la pista llena de obstáculos. Otros fueron al faro, que ya estaba apagado.

A las 6:30 Giachino, con la orden de no producir bajas en el enemigo, rodeó la casa del gobernador, que se negaba a deponer su actitud. Decidió ingresar a la vivienda y en un tiroteo fue abatido por una ráfaga de ametralladora. Su segundo, el Teniente de Fragata Diego García Quiroga fue herido cuando lo estaba auxiliando, así como el Cabo Primero Enfermero Ernesto Urbina, que había ido al rescate de ambos.

El gobernador de las islas se dio cuenta que era inútil resistir y negoció con Carlos Büsser. La rendición se efectivizó a las 9:30 horas. El fotógrafo argentino Rafael Wollmann, que estaba en las islas hacía más de una semana, fue el que tomó las primeras fotografías que dieron la vuelta al mundo, de los soldados ingleses con los brazos en alto. Junto con el gobernador fueron embarcados y llevados a Montevideo. Finalizaban 149 años de ocupación británica.

El general García se hizo cargo de las islas y se estableció el Apostadero Naval Malvinas. Al mediodía se izó oficialmente la bandera argentina en el mástil frente a la gobernación. La driza se rompió y fue tomado como una señal de mal augurio.

Haig, entre Buenos Aires y Londres

Mientras tanto, en Buenos Aires se difundía la noticia de la recuperación y para el mediodía la gente había copado Plaza de Mayo. Galtieri habló desde el balcón. “Aceptaremos el diálogo después de esta acción de fuerza, pero con el convencimiento de quela dignidad y el orgullo nacional han de ser mantenidos a toda costa y a cualquier precio”, dijo. Luego se mezcló entre la gente que lo vitoreaba.

El 3 de abril el gobierno comunicó que las Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur están bajo soberanía argentina y que el general Mario Benjamín Menéndez era el gobernador, que asumiría el 7. La reacción del gobierno inglés –donde renunció el canciller Lord Carrington- no se hizo esperar: rompió relaciones, anunció sanciones económicas y ordenó el envío una fuerza de tareas al Atlántico Sur. En el terreno diplomático, el Consejo de Seguridad de la ONU exigió el fin de las hostilidades, el retiro de los efectivos argentinos y exhortó a ambos países a hallar una solución diplomática.

Dos días después, partió la flota británica. El 6 el presidente Ronald Reagan nombró al general Alexander Haig como mediador. Su primera tarea fue reunirse con el canciller argentino Nicanor Costa Méndez en Washington. Luego voló a Londres, donde se había anunciado la aplicación de una zona de exclusión marítima de 200 millas náuticas alrededor de las islas. El norteamericano chocó contra la intransigencia de Thatcher.

Sin nada para ofrecer, el 10 Haig se reunió con Galtieri, salió sin respuestas, aunque le advirtió a Costa Méndez no tenía intención de negociar. Y volvió a Gran Bretaña. El papa Juan Pablo II, que en su agenda figuraba un viaje a Londres, exhortó a ambos países a dejar de lado actitudes extremas. A esa altura, buques de guerra ingleses bloquearon las islas y pudo verse al submarino Spartan frente a Puerto Argentino.

De nada valió que Galtieri le repitiese a Reagan su disposición a negociar. Los continuos viajes de Haig entre ambos países no produjeron resultados esperados. El 19 Costa Méndez anunció el pedido de aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

La noticia del avance de la Task Force la dio un Boeing 707 cuando la sobrevoló, en medio del océano, y debió soportar la intercepción de un caza inglés.

Un caído en las Georgias

El 22 Galtieri visitó Malvinas y tres días después se conocieron los ataques ingleses a las islas Georgias, que dio como resultado la muerte del suboficial maquinista del submarino Santa Fe, Félix Artuso, muerto en un confuso episodio. Está enterrado en la isla. El teniente de navío Alfredo Astiz, al mando de los efectivos, firmó la rendición.

El 30 de abril el gobierno determinó que buques y aviones ingleses fueran considerados hostiles. Fue el prolegómeno de lo que ocurriría el día siguiente, 1 de mayo, cuando los británicos atacaron instalaciones del aeropuerto de Puerto Argentino, fragatas cañonearon la capital y hubo intentos de desembarcos que las tropas argentinas evitaron. También fue atacado Darwin. Galtieri respondió que la Argentina “responderá al ataque”.

El buque Formosa, que buscaba romper el bloqueo inglés, fue atacado por equivocación por aviones argentinos, y una bomba que no llega a detonar quedó en una de sus bodegas.

El Belgrano y los misiles Exocet

Fue un duro impacto conocer el hundimiento del Crucero General Belgrano el 2 de mayo, que navegaba fuera de la zona de exclusión. 323 hombres perdieron la vida en ese ataque con torpedos que llevó al fondo del mar a este buque en menos de una hora.

El 3, el aviso Alférez Sobral soportó el ataque de helicópteros enemigos, y un misil destruyó su puente de mando. Murieron siete hombres, entre ellos su comandante, el capitán Gómez Roca.

Los británicos sufrieron en carne propia la efectividad de la aviación argentina cuando dos Super Etendard, armados con misiles Exocet, atacaron al destructor Sheffield, que terminó hundiéndose el 10. Era la primera vez que se lanzaba este misil desde aviones de ataque.

Mientras Naciones Unidas proponía el retiro de ambas fuerzas como condición para iniciar negociaciones, la guerra continuaba desarrollándose. El 9 fue hundido el pesquero argentino Narwal por la aviación inglesa. Cuando un helicóptero Puma de Ejército fue en auxilio de los náufragos, un misil Sea Dart lo derribó.

El 10, la fragata británica Alacrity hundió al Isla de los Estados en medio del estrecho de San Carlos. Murieron 22 tripulantes.

Dos días después, zarpó de Gran Bretaña el Queen Elizabeth con tres mil soldados británicos. Por un lado, fuerzas especiales británicas dejaron fuera de combate una decena de aviones argentinos que estaban en el aeródromo de la isla de Borbón, mientras que aviones hundieron a los mercantes argentinos Río Carcarañá y averiado el Bahía Buen Suceso.

Las gestiones de paz de Naciones Unidas no llegaban a ningún resultado. La guerra también tuvo sus misterios, como el caso del helicóptero inglés Sea King -que realizaba una misión secreta en territorio argentino- que se estrelló en Punta Arenas.

Desembarco inglés

Finalmente, el 21 los británicos lograron establecer una cabecera de playa en San Carlos, a un costo alto: la fragata Ardent fue hundida, otras cuatro resultaron seriamente dañadas, y fueron derribados tres Harrier y dos helicópteros. Nuestro país perdió allí seis aviones y tres helicópteros. Los británicos se sorprendieron entonces de la reacción argentina, a cargo de la compañía C del Regimiento 25, al mando de Carlos Esteban en lugar de retirarse, tal como les habían ordenado, les derriban helicópteros y le producen bajas a los británicos.

El 22 la lancha guardacosta Río Iguazú rechazó un ataque de tres Harrier, uno de los cuales derribó. Ese ataque dejó un fallecido y tres heridos. Los ataques aéreos se sucedían y así el 24 fueron hundidas las fragatas Antílope y Argonaut. Un duro golpe para los ingleses fue el hundimiento del transporte Atlantic Conveyor y el destructor Coventry. Los británicos continuaban atacando las posiciones argentinas.

Entre el 27 y el 28 se combatió duramente en Darwin y Pradera del Ganso. Allí murió el teniente coronel Herbert Jones, comandante del 2° Batallón de Paracaidistas.

Desde Londres, Juan Pablo II volvió a pedir por la paz. El 30 la aviación argentina anunció que, en una arriesgada operación, dos Super Etendard y cuatro A-4C Skyhawk había averiado al portaaviones Invencible, una acción que los ingleses nunca confirmaron.

Mientras tanto, los británicos estrechaban el cerco sobre Puerto Argentino. El 1 de junio llegaron a Monte Kent.

El avión Hércules TC-63, que buscaba buques enemigos por radar, fue derribado por un Harrier, falleciendo el vicecomodoro Meisner y otros 6 tripulantes. Igual suerte corrió el 7 un Lear Jet, que no iba artillado. Murieron sus cinco tripulantes.

Bahía Agradable

Para los británicos, el 8 fue un día negro. Cuando intentaron un desembarco en Fitz Roy y en Bahía Agradable, la Fuerza Aérea hundió la fragata Plymouth y los transportes Sir Galahad y Sir Tristan. Sufrieron 50 muertos y 200 heridos.

El 11 el país se conmocionó con la llegada del Papa. Pidió por los muertos, por un rápido fin de la guerra desde un altar levantado junto al Monumento a los Españoles.

Mientras los ingleses continuaban avanzando sobre los montes Dos Hermanas, Longdon y Harriet, un misil Exocet lanzado desde tierra averió al destructor Glamorgan.

La culminación de la batalla estaba próxima, cuando los británicos lograron sobrepasar las defensas argentinas que rodeaban a Puerto Argentino. El 14, los generales Jeremy Moore y Mario Benjamín Menéndez acordaron un alto al fuego. Cuando la noticia se conoció en Buenos Aires, la policía debió reprimir una manifestación que rechazaba la rendición.

La última acción de guerra fue el 20 cuando los británicos atacaron la base científica Corbeta Uruguay en una de las islas Sandwich del Sur y desalojó a los científicos argentinos. Gran Bretaña declaró, entonces, el cese de las hostilidades.

La guerra había terminado.

(INFOBAE)

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