Empezó la era Maradona en Gimnasia

El Diez comenzó su ciclo como entrenador del Lobo platense.

El Diez comenzó su ciclo como entrenador del Lobo platense, con el complicado objetivo de sacarlo de la zona de descenso en la Superliga. La alegría de verlo otra vez en el fútbol argentino no tiene precio para todos los hinchas.

Gimnasia y Esgrima La Plata tuvo una tarde inolvidable en el Bosque. Frente a una multitud y en un clima de fiesta, Diego Maradona fue presentado como nuevo DT del Lobo. Los hinchas le dieron un recibimiento inolvidable y el Diez, que dejó caer algunas lágrimas, prometió trabajar para intentar salir de la zona de descenso.

Explicar lo sucedido este domingo en La Plata, cuando Diego Maradona fue presentado como el flamante entrenador de Gimnasia excede, claramente, el enfoque futbolero básico. Porque, sencillamente, la figura de Diego sobrepasa su dimensión como objetivo periodístico.

Cuando el escritor Eduardo Galeano dijo que Maradona nunca pudo regresar a la anónima multitud de donde proviene y siempre se encuentra condenado a creerse Maradona, obligado además a ser siempre la estrella de la fiesta, el bebe del bautismo y el muerto del velorio explicó, en verdad, y desde un prisma sociológico, lo que representa la figura de Diego.

Porque después se le podrá poner color a la anécdota. Que la gente casi llenó el estadio Juan Carmelo Zerillo, una antigua estructura inaugurada en 1924 que le regaló a Diego su ensordecedor aliento con más de 20.000 hinchas locos de contentos.

Que el Modo Maradona impulsó inscripción y recuperación de 3.000 socios más. Que hubo gente haciendo madrugada invernal de domingo en la vereda de la sede para obtener su ticket y así ingresar al nuevo padrón societario.

Y más: el Lobo Shop, una tienda de merchandising instalada en los jardines del club que terminó con las estanterías vacías vendiendo camisetas a full ( los precios del modelo nuevo iban de los 3.500 a los 1.500 los de 2017), gorros a $300 y pulseras a 150.

Y que cuando Diego Armando Maradona ingresó increíblemente puntual (eran las 13.54) en un carrito de golf al estadio la metralla no paró de estallar durante 20 minutos. Pobres los pájaros del bosque, que volaban aturdidos en ronda el cielo del estadio sin entender lo que pasaba allá abajo.

«Yo no soy ningún mago, a mí me gusta trabajar. A mí me gusta ganarme la plata corriendo como lo hice toda la vida», dijo Diego en el campo de juego, antes de la conferencia de prensa oficial. Y avisó: «Vamos a armar un equipo que se juegue la vida».

Sabrán disculpar los especialistas en arte, por favor, pero uno de los flancos por los que se puede abordar el Modo Maradona roza con lo surrealista. Y se narra ya no solamente desde la atracción sentimental, sino de algo que propone la mirada estética y emocional que tiene que ver con el delirio y con el misterio.

Delirio de la gente, que supone, sin ninguna lógica, todavía, que Gimnasia con Maradona y su cuerpo técnico podrán levantar el peso de los pálidos números de la escuadra tripera, última en la grilla de la Superliga.

Y misterio porque desde el sentimiento de la muchedumbre aún no se comprendió qué fue lo que pasó este domingo. Muchos sospechan que todo va a mejorar a partir de ahora. Que con Diego en el banco la bonanza deportiva será como papita para el loro.

Tanto se estremeció el gentío albiazul, tan enorme fue la ovación a la máxima gloria viviente de nuestro fútbol que, seguramente, cuando cada uno de ellos por fin llegó a su casa, no supo entender qué terminaba de suceder en 60 y 118, domicilio del Lobo ya maradoniano.

De fútbol somos, dijo alguien. Y por eso el carnaval en torno al estadio, los bombos y el humo colorinche y el «oleeee, oleeee, Dieeego, Dieeego» mientras el sujeto en cuestión caminaba, maltrecho en sus rodillas, pechito inflado, en torno a la gramilla.

Nadie miró a los jugadores entrenando, si no fuera por Diego nadie iría a verlos moverse cuando van últimos en la tabla con un punto.

Desde la batucada tribunera bajó el cántico cuartetero de Rodrigo con «Maradó Maradó», y todos cantaron «el que no salta es un inglés» Y entonces también todos saltaron, y vieron que el barrilete cósmico es hasta ahora nada más que una figura con cartel heroico que devuelve su energía, y que arenga a su tribu con golpecitos en el pecho mientras toma frente a las cámaras la bebida energizante que lo patrocina.

¡Señoras y señores, amigos del fútbol?, acaba de comenzar algo, Regresó a la escena Diego Armando Maradona. Delirio y misterio.

 

 

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