Lorenzo Ferro ganó el premio a mejor actor del Festival de cine de La Habana

Fue galardonado con el premio a mejor actor del 40 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, en Cuba, por su papel del asesino serial Carlos Robledo Puch en “El ángel”.

El filme que representará a Argentina en los premios Goya tras conocerse la novedad que quedó fuera de la lista de nueve precandidatas que eligió la Academia de Hollywood para competir por cinco lugares en la categoría “mejor película de habla no inglesa” en la entrega de los premios Oscar.

La magia de esta producción reside en la habilidad de Luis Ortega para trasladar toda la carga negativa sobre el personaje protagónico hacia una visión más liviana, en el sentido de reconocer la locura del ese personaje, pero realizando una exploración sobre la libertad y la inocencia. A la vez es destacado el trabajo actoral del debutante Lorenzo Ferro, que entrega una composición sólida y convincente por la cual fue destacado por el jurado.

El jurado de ficción, presidido por el realizador argentino Luis Puenzo (“La historia oficial”), destacó al joven Ferro en el rubro actoral, quien ya había ganado el premio a mejor intérprete masculino Iberoamericano de Cine Fénix por la misma película.

Otras películas argentinas galardonadas fueron las del realizador Carlos Sorín, que se llevó el reconocimiento al mejor guión del Festival por “Joel”, y “Sangre Blanca”, que le reportó el “Coral” a la mejor dirección artística a Mariela Ripodas.

En tanto “Un oscuro día de injusticia”, de Julio Azamor y Daniela Fiore, se llevó el premio para el mejor cortometraje de animación; y el documental “El caminos de Santiago. Desaparición y muerte de Santiago Maldonado”, de Tristán Bauer, perdió en su categoría pero se llevó de todas formas el reconocimiento Coral Especial del Jurado.

Por otra parte, el filme colombiano “Pájaros de verano”, de Cristina Gallego y Ciro Guerra, se coronó con el “Coral” al mejor largometraje de ficción.

La cinta es una historia ambientada en los 70 y sigue a algunas familias de la comunidad indígena wayú, en el departamento colombiano de La Guajira, afectadas por el cultivo y venta de marihuana que comenzaban a proliferar en la zona por aquella época.

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